Partido Imaginario
El Partido sin eslogan
 
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LA HOSTILIDAD POLÍTICA

EL VALOR DE LOS SÍMBOLOS

LAS CAMPAÑAS RUIDOSAS

LA HOSTILIDAD POLÍTICA

La política destila acritud en las conversaciones entre ciudadanos, enfrentamientos en las calles, en los parlamentos... Entendemos la hostilidad del parlamento porque los miembros de los partidos luchan por sus intereses particulares, pero no entendemos que esta agresividad se tenga también en la calle, entre ciudadanos sin 'intereses' tangibles inmediatos. No entendemos esos enfrentamientos tan agrios, por ejemplo, a favor y en contra de la negociación con ETA. Ninguna de las dos opciones es claramente mejor que la otra. Las dos tienen ventajas e inconvenientes. El objetivo común de los demócratas es luchar contra ETA con respeto al Estado de Derecho. Cualquiera de las dos estrategias puede ser útil para conseguir ese fin si se gestiona bien y cualquiera de las dos puede tener contrapartidas perjudiciales. ¿A qué obedece, pues, tanta acritud cuando se discute sobre este asunto? Ni lo sabemos ni somos capaces de descifrarlo. ¿Hay algo que se nos escapa y que justifica tanta inquina? La estrategia contra ETA es un ejemplo, pero hay muchos más.

Esta hostilidad conlleva el inconveniente de que mucha gente prefiere no hablar de política, bien porque se exaspera o bien porque no quiere molestar al otro. En una entrevista laboral, por ejemplo, no podría hablarse de ideas políticas, como si pensar de una u otra forma hiciera de uno mejor o peor trabajador. No está mal visto llevar una corbata rosa horrorosa, pero sí decir que uno es partidario del aborto libre o del despido libre, por poner dos ejemplos. Inconcebible. Que pensar de una u otra forma conlleve consecuencias personales y enfrentamientos agrios no parece justificado en un país con un nivel de vida medio razonable, con un Estado de Derecho que funciona medianamente bien y con un régimen de libertades mejorable, pero suficiente.

La convivencia en paz no puede consistir en la convivencia callada. Exponer públicamente las opiniones políticas no debiera ser sinónimo de filias y fobias económicas o laborales. Y lo es. Mucho más que la falta de profesionalidad. Inexplicable. Tener diferentes pensamientos políticos es saludable. Y también conversar sobre ellos con pasión si apetece. Ese avance hacia una convivencia más distendida, menos prejuiciosa, tenemos que hacerlo los ciudadanos. Con los políticos no podemos contar para eso.

LA HOSTILIDAD POLÍTICA

EL VALOR DE LOS SÍMBOLOS

LAS CAMPAÑAS RUIDOSAS

EL VALOR DE LOS SÍMBOLOS DE LA PATRIA

A nuestro juicio, las banderas y los himnos dividen, hieren, cortan. No vemos qué valor tiene la bandera española, ni cualquier otra. Tampoco su himno. Defender la bandera nos parece una sandez. Sandez por partida doble. No otorgamos valor a los símbolos porque para nosotros no significan nada, más allá de lo que identifican. No nos conmueven ni la bandera, ni el himno, ni el escudo. Nos conmueven los ciudadanos y no los símbolos de identidad de un país. Entendemos que mostrar respeto por la bandera española es equivalente a mostrar respeto por el número del DNI de un ciudadano. Y quemar la bandera española lo mismo que quemar un DNI o un pasaporte.

Muchas personas se esfuerzan por darle a la bandera un valor simbólico, de unión entre la sociedad o algo parecido. Cuando es palpable que la sociedad está dividida y que en muchas ocasiones es la propia bandera la que la divide. Nadie quemaría banderas si nadie diera importancia a esos trozos de tela pintarrajeados.

No nos parece que los símbolos aporten valor a los ciudadanos de los países. Ningún valor a ningún país. Para quitar trascendencia a esos trozos de tela y esas músicas que mejor sería no haber oído nunca por respeto al buen gusto, proponemos que se cree una subcomisión de subsecretarios de subsímbolos que estudie fórmulas para que los símbolos aporten valor a los países.

Una propuesta. Que cada cuatro año, para que se pueda estrenar en las olimpiadas, como el mejor escaparate posible, se convoque un concurso para el diseño de la bandera y el himno español. Proponemos que para el himno se puedan elegir canciones ya conocidas, da igual que sean de compositores españoles o no. Para la bandera habrá que buscar ideas originales, porque no hay tantos estampados reconocibles, al estilo de las canciones, para que se pueda montar un concurso en condiciones. Si algún día tenemos los medios, haremos una selección de canciones aspirantes al himno de España (nuevas o conocidas) y luego una votación para ver cuál es la preferida de nuestros lectores.

Con el diseño de la bandera, cada cuatro años, seremos capaces de vender la creatividad española en el mundo, con el escaparate de las olimpiadas. No vemos una manera mejor de que la bandera aporte valor verdadero a los ciudadanos de un país. En un alarde de modernidad, British Airways intentó algo parecido hace unos diez años. A Margaret Thatcher casi le da un soponcio, cuando ya no era primera ministra. Han pasado diez años de aquello. En otros diez, seguro que nuestra iniciativa encuentra respaldo mayoritario.

LA HOSTILIDAD POLÍTICA

EL VALOR DE LOS SÍMBOLOS

LAS CAMPAÑAS RUIDOSAS

LAS CAMPAÑAS ELECTORALES RUIDOSAS

En campaña electoral, los partidos políticos recorren las calles con altavoces a todo trapo para convencernos a los vecinos de que les votemos. "¿Pero cómo puede ser que me molesten así y pretender a la vez que les vote? Lo que quiero es que desaparezcan del mapa, para que dejen de hacer ruido y me dejen en paz de una vez".

El ruido de los partidos en las campañas electorales es síntoma de cuánto desprecian a los ciudadanos los integrantes de esas organizaciones. Tienen bula para hacer ruido y ensuciar las calles como el más gamberro de los ciudadanos. ¿Con qué respaldo moral pueden intentar convencernos luego de que conviene respetar las leyes?

Tienen los resortes y la financiación para ganar votos, para apoltronarse en su escaño y encima pretenden dejarnos sordos con músicas chabacanas, distorsionadas por altavoces infames, a todo volumen. Sólo por sus campañas, pagadas en buena parte con el dinero de todos los españoles, debieran recibir el castigo generalizado. Si nos trataran bien en campaña, dejaran de hacer ruido, de ensucuiar las calles y de prometernos regalos que pagamos caros con nuestro dinero, es posible que les votáramos. Pero metiendo ese ruido, con ese poco respeto, imposible.

Nuestra única promesa electoral es que ni haremos ruido ni ensuciaremos las calles.

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