EL VALOR DE LOS
SÍMBOLOS DE LA PATRIA
A nuestro juicio, las banderas y los himnos dividen, hieren, cortan.
No vemos qué valor tiene la bandera española, ni cualquier
otra. Tampoco su himno. Defender la bandera nos parece una sandez. Sandez
por partida doble. No otorgamos valor a los símbolos porque para
nosotros no significan nada, más allá de lo que identifican.
No nos conmueven ni la bandera, ni el himno, ni el escudo. Nos conmueven
los ciudadanos y no los símbolos de identidad de un país.
Entendemos que mostrar respeto por la bandera española es equivalente
a mostrar respeto por el número del DNI de un ciudadano. Y quemar
la bandera española lo mismo que quemar un DNI o un pasaporte.
Muchas personas se esfuerzan por darle a la bandera un valor simbólico,
de unión entre la sociedad o algo parecido. Cuando es palpable
que la sociedad está dividida y que en muchas ocasiones es la propia
bandera la que la divide. Nadie quemaría banderas si nadie diera
importancia a esos trozos de tela pintarrajeados.
No nos parece que los símbolos aporten valor a los ciudadanos de
los países. Ningún valor a ningún país. Para
quitar trascendencia a esos trozos de tela y esas músicas que mejor
sería no haber oído nunca por respeto al buen gusto, proponemos
que se cree una subcomisión de subsecretarios de subsímbolos
que estudie fórmulas para que los símbolos aporten valor
a los países.
Una propuesta. Que cada cuatro año, para que se pueda estrenar
en las olimpiadas, como el mejor escaparate posible, se convoque un concurso
para el diseño de la bandera y el himno español. Proponemos
que para el himno se puedan elegir canciones ya conocidas, da igual que
sean de compositores españoles o no. Para la bandera habrá
que buscar ideas originales, porque no hay tantos estampados reconocibles,
al estilo de las canciones, para que se pueda montar un concurso en condiciones.
Si algún día tenemos los medios, haremos una selección
de canciones aspirantes al himno de España (nuevas o conocidas)
y luego una votación para ver cuál es la preferida de nuestros
lectores.
Con el diseño de la bandera, cada cuatro años, seremos capaces
de vender la creatividad española en el mundo, con el escaparate
de las olimpiadas. No vemos una manera mejor de que la bandera aporte
valor verdadero a los ciudadanos de un país. En un alarde de modernidad,
British Airways intentó algo parecido hace unos diez años.
A Margaret Thatcher casi le da un soponcio, cuando ya no era primera ministra.
Han pasado diez años de aquello. En otros diez, seguro que nuestra
iniciativa encuentra respaldo mayoritario.
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