Partido Imaginario
El Partido sin eslogan
 
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- PRESENTACIÓN

- NO HACEMOS PROSELITISMO

- PROPIEDAD PRIVADA E INFORMACIÓN


PRESENTACIÓN

No tenemos ningún objetivo electoral concreto, pero somos ambiciosos. Ambiciosos para entender al diferente, para no obligar a nadie a compartir nuestro sistema de valores. Para entender que nuestra prioridad por el Estado de Derecho, el conocimiento, la libertad, el capitalismo, la salud... son valores morales, no principios universales emanados del Ser Supremo y convertidos en Derecho Natural por el Espíritu Santo. Respetar el Derecho no da preeminencia moral. No somos mejores los que respetamos las leyes que quienes no las respetan. La ley no es más que un reconocimiento de nuestras limitaciones, que nos hace la vida más fácil a quienes las aceptamos. Como somos mayoría los que las aprobamos, obligamos (por la fuerza) a que todo el mundo las cumpla. No conocemos ningún sistema mejor. Eso no significa que estemos obligados a despreciar y humillar a quienes son incapaces de cumplirlas. Son minoría, diferentes, con otros sistemas de valores y otras necesidades. Tratémosles bien. Cuanto mejor vivan los marginados, los desheredados del mundo, los diferentes, mejor viviremos nosotros. Todos seremos más libres si tratamos bien al diferente. Porque todos somos diferentes.

Imaginamos un partido inocente, irreal, soñador, que no pretende liderar nada, sino que busca herramientas para que los ciudadanos podamos cambiar lo que no nos gusta en nuestra organización social. Cambios alentados por personas que no creen en la omnipotencia de los gobernantes, que detestan a los salvadores, líderes e iluminados y que quieren un Estado no entrometido en los asuntos de los particulares. Un Estado que protege amplia libertad, los derechos de todos los ciudadanos, que exige los deberes y que ofrece sustento económico y el apoyo de toda la sociedad a los débiles.

La primera condición de este Partido es que nunca debe pelear por un voto, por ganar un escaño. No nos podemos convertir en otro partido más, con ambiciones concretas de poder, porque nos destrozamos. Nos tiene que dar igual que nos voten o que no. De lo contrario se acaba el sueño de conseguir un partido diferente, mucho más ambicioso que el resto de partidos. Esos Partidos en los que los Secretarios Generales dimiten cuando pierden las elecciones y "modifican" los no-programas electorales. Como si perder las elecciones fuera malo. ¿Por qué? ¿Para quién?

Queremos ser desenfadados y serios. Reirnos de nosotros mismos, de nuestro nombre, de nuestros recursos, de nuestros apoyos, de nuestra página web y de nuestras ideas. Pero también queremos dar alternativas y posibilidades concretas.

Los políticos nos engañan y no rechistamos cuando hablan de la ambición legítima de conquistar el poder y de que para cambiar la sociedad es necesario estar en el gobierno. No señor. El primer cambio que exigimos los ciudadanos es que los políticos piensen menos en conseguir el poder y más en administrar mejor los asuntos públicos, gobierne quien gobierne.

Imaginamos un gobierno serio, pero no dramático. Ni los gobiernos ni el poder legislativo son responsables de dirigir a las sociedades. No son decisivos (salvo cuando se autodesignan salvadores de todos y deciden mostrarnos el camino de la verdad). Al contrario, corresponde a las sociedades la tarea de dirigir a sus políticos. Y tenemos que encontrar entre todos las herramientas que nos permitan conseguirlo. La primera pequeña revolución consiste en buscar políticos menos pretenciosos. Para ello animamos a toda la sociedad a que se implique y comprometa con la política. Que surjan nuevos partidos, con ideas y proyectos. Nos han engañado con la bondad del bipartidismo, que acartona a los políticos y sus ideas. Luchas cerriles y disputas partidistas ocupan el tiempo de muchos políticos, con el único objetivo de no perder votos o escaños. Les pagamos y por tanto su tiempo deben dedicárnoslo a los ciudadanos. Pero viven en la oligarquía de los políticos, en su coto cerrado. Se creen indispensables y los ciudadanos tenemos que estar agradecidos de lo que hacen por nosotros. Se les nota en cada frase: "Este gobierno ha hecho un esfuerzo de inversión" llegan a decir. Parece como si se lo creyeran.

Conviene presentarse, no para ganar las elecciones, sino para mostrar nuevas formas de hacer política. A defender ideas y no a votar programas vacíos, que esconden cualquier asomo de ideología “por si pudiera molestar a nuestros partidarios”. A la calle, con ideas serias, disparatadas, meditadas, dudosas, alegres o tristes. Pero ideas. Animamos a todos a mejorar nuestro ideario, a transmitir ideas por internet o boca a boca, con beso o sin él, o a afiliarse a algún grupo ya existente en el que esté permitida la falta de respeto por el poder establecido, por el que se establecerá y por cualquier pensamiento o idea que cruce por el aire.

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NO HACEMOS PROSELITISMO

En el Partido imaginario no peleamos por una porción de sociedad. Esa patética expresión “vamos a ocupar el espacio de centro” ha conducido a que todos los partidos defiendan no-programas parecidos, expresados o ejecutados con mayor o menor acierto. Exponemos nuestras ideas y quien quiera verlas defendidas en las Instituciones que las vote y si quiere que trabaje por que se conozcan. No se trata de intentar convencer a nadie de que son las mejores. Se trata de informar. Imaginamos y trabajamos por unas elecciones en las que votan ciudadanos informados, que leen los diferentes programas electorales y cuyo voto responde a una opinión formada con el conocimiento, no con el capricho, la propaganda o las prebendas.

Tenemos el propósito de no pedir el voto y si lo hacemos será producto de incontinencia verbal estúpida. Sólo queremos que si alguien desea votar una opción como ésta, tenga la posibilidad. Quizá las listas del Partido Imaginario sean un día las más votadas. Eso no sería la solución a ningún problema si esa votación no respaldara un programa electoral claro, de gobierno. Con un programa claro, apoyado mayoritariamente, administrar los recursos de los ciudadanos es fácil. Un programa que defiende el respeto a la libertad individual y a las minorías, con especial atención en la protección de los débiles y no a la clase media, llena de privilegios. Una sociedad mejor significa también que las elecciones no pueden consistir en diversas campañas de márketing perfectamente planificadas, en las que una mirada, o un eslogan, arrase con los votos.

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- PROPIEDAD PRIVADA E INFORMACIÓN
PROPIEDAD PRIVADA E INFORMACIÓN

Para que haya libertad son imprescindibles dos elementos: la propiedad privada (material e inmaterial) y la información. Un Estado no puede abandonar en la miseria (sin propiedad privada) a sus ciudadanos más débiles porque les deja sin capacidad de ser libres. Todos necesitamos un espacio vital (material e inmaterial) para subsistir.

El Partido Imaginario defiende que el Estado sise una parte de la riqueza ganada por unos, para repartirla entre otros. De la intromisión del Estado en la vida privada de unos se infiere un mayor bienestar de otros. Y defendemos esta intromisión, porque gracias a ella la reducción aritmética de la libertad de unos se convierte en aumento exponencial de la libertad de otros.

La sociedad debe contribuir a mantener a los débiles y marginados. Mantenerlos con dignidad (con capacidad de ser libres) significa que los menos débiles deberemos trabajar mucho para conseguir riqueza. Riqueza para uso y disfrute propio y riqueza para repartir. Eso supone menos privilegios para los sanos y fuertes con capacidad de trabajar y más ayudas para los que tienen dificultades para acceder al mercado de trabajo.

Quien merece protección económica del Estado no es toda la ciudadanía. La disputa no está entre Capital y Trabajo, sino entre quienes pueden acceder al mercado de trabajo y quienes no pueden. Quien sea capaz de acceder deberá luchar por ello, sin privilegios de unos sobre otros. Quien sea incapaz de acceder, será ayudado y protegido por el Estado.

El área inmaterial del espacio vital se concreta en los límites del Derecho. “¿Qué es lo que las mayorías no debieran poder decidir?” Todas aquellas cuestiones que no afectan a la relación entre los seres humanos, sino únicamente al comportamiento individual. La labor de los Estados no es la de salvar almas, ni conducir a los ciudadanos por la senda del bien. Los Estados deben administrar la convivencia y abstenerse de legislar sobre asuntos privados. Las fronteras son difusas y por ello se debe tentar el terreno con cuidado antes de decidir.

Las limitaciones a la propiedad privada “inmaterial” son el peligro constante que se cierne sobre nuestra sociedad. Son mucho más sutiles que un aumento o disminución de los impuestos y mucho más peligrosas.

Ante la dificultad para trazar una línea de frontera, los Estados arramblan con todo y colonizan los territorios privados hasta más allá de lo necesario para un buen funcionamiento de la sociedad. En el Partido Imaginario esperamos convencer a las mayorías de que no hay motivo para oprimir a la minoría y que las normas morales (individuales) no deben trasladarse a las leyes. Las leyes deben regular la convivencia, no la intimidad o la salud de los ciudadanos.

El otro pilar esencial de la libertad es la capacidad de acceso a la información y el conocimiento necesario que permita interpretar esa información que se recibe. Al igual que en el mercado nos informamos bien del precio de los tomates en todos los puestos y miramos su color y tamaño, e incluso los tocamos antes de decidir con cuáles nos quedamos, en los otros mercados de la vida tenemos que poder actuar con la misma libertad. Por tanto, el Estado debe garantizar que el ciudadano tenga acceso a la información que le permite actuar sin engaño en ese mercado. (Debe regular para que se puedan tocar los tomates antes de comprarlos). En la actualidad sucede todo lo contrario. El Estado nos birla información continuamente. Los responsables políticos la esconden como si fuera suyo el dinero que gestionan. Y resulta que el dinero, todo el dinero público, es de los ciudadanos, y queremos saber quién como, cuándo, dónde y cuánto se gasta. Hasta el último Euro.

Para contribuir desde ya al conocimiento, en el Partido Imaginario nos comprometemos a intentar explicar siempre nuestras ideas, las de otros partidos y las de pensadores independientes (no sólo sobre política) cuantas veces haga falta, en nuestro foro. No es tarea fácil, pero lo intentaremos y lo haremos mejor o peor en función de los recursos que consigamos. Sobre la mayoría de cuestiones podremos recurrir a algún experto cercano y, si no, lo buscaremos. Periódicamente organizaremos seminarios y cursos de formación, abiertos a todos los ciudadanos, sin necesidad de sentirse ideológicamente afines y, si ellos acceden, con políticos de otros partidos.

Correo electrónico: Partido Imaginario;